Night Room TV: once años llevando la electrónica a rincones inesperados de Córdoba
De la Torre de la Calahorra a las pantallas de medio mundo. Hablamos con Manuel Bermejo y Alberto del Sar sobre los orígenes de Night Room TV, su particular forma de mezclar música electrónica y patrimonio y todo lo que supone mantener vivo un proyecto cultural durante once años. Una historia que este sábado 7 de noviembre celebra un nuevo capítulo en el C3A.
Desde 2019, Alberto tiene una fotografía de la Torre de la Calahorra como fondo de pantalla. Hace poco se la enseñó a alguien y le preguntaron si estaba generada con IA. No lo estaba. Era una imagen de Córdoba, con el Puente Romano y el Guadalquivir a los pies de la torre, tomada durante uno de los eventos de Night Room TV.
La anécdota tiene su gracia, pero también dice bastante del proyecto: coger lugares que tenemos delante de los ojos y mostrarlos desde una perspectiva que no estamos acostumbrados a ver. Y, de paso, llevar la música electrónica a sitios donde no suele sonar.
Detrás de Night Room TV están Manuel Bermejo, DJ y productor conocido como Absen, y Alberto del Sar, director de marketing y una de las personas al frente de la dirección musical. Hace once años decidieron probar algo diferente y, desde entonces, han llevado sus sesiones a algunos de los espacios más singulares de Córdoba y su provincia.
Nos sentamos con ellos para hablar de cómo empezó todo, de los lugares por los que han pasado y de las historias que se han ido acumulando durante el camino. También de la parte menos visible: los permisos, la producción, los problemas técnicos y los números que hay que hacer para que cada evento salga adelante.

Sacar la electrónica de donde todo el mundo espera encontrarla
La idea empezó a rondarle a Manu cuando era DJ residente en Sala Metrópolis. Quería hacer algo distinto a la típica sesión en una discoteca: sacar la electrónica de su entorno habitual y llevarla a espacios que ofrecieran otra experiencia.
«Era como descontextualizar un poco la música electrónica, sacarla de los espacios de club, de sala y llevarla a otros entornos», recuerda. En su cabeza ya aparecían lugares como la Torre de la Calahorra, las Tendillas o la Corredera.
Cuando se lo contó a Alberto, la idea encajó enseguida. Su pasión por la electrónica y su vínculo con Córdoba hicieron el resto. A partir de ahí empezaron a dar forma a un proyecto en el que la elección del espacio tendría tanto peso como la música.
Con el tiempo, también fueron repartiendo tareas. Manu se ocupa especialmente de la estrategia, la búsqueda de localizaciones y la producción; Alberto está más centrado en la selección musical, los artistas y la comunicación. Aunque, después de tantos años trabajando juntos, los papeles se mezclan bastante.
«Muchas veces no me decía el sitio. Me decía: tengo un sitio que te va a flipar, pero no te lo puedo decir porque no está cerrado», cuenta Alberto entre risas.
La búsqueda de localizaciones se ha convertido en una parte fundamental del proyecto. No vale cualquier sitio: tiene que haber algo en ese espacio que merezca la pena mostrar y que encaje con la propuesta musical.
Cuando el patrimonio se convierte en escenario
En estos once años han pasado por los castillos de Almodóvar del Río, Bélmez e Iznájar, Medina Azahara, las Caballerizas Reales, el Rectorado de la UCO o el propio C3A. Lugares con historias muy distintas que, durante unas horas, han acogido sesiones de música electrónica.
Una de las primeras experiencias que recuerdan tuvo lugar en 2018, en el entorno de las Ermitas, en plena Sierra de Córdoba. Allí montaron una mesa de mezclas, prepararon el equipo audiovisual y grabaron una sesión de Manu, con dron incluido. La grabación terminó teniendo una repercusión que no esperaban.
Según cuentan, después recibieron una carta del obispo de Córdoba en la que les pedían retirar el vídeo. Una sesión electrónica en un espacio religioso había acabado llegando hasta el obispado. Manu insiste en que lo hicieron «con mucho respeto, con mucho cariño». La petición de retirar la grabación se convirtió, con el tiempo, en una de esas historias que todavía recuerdan cuando echan la vista atrás.
Otro de los lugares que más aparece durante la conversación es la Torre de la Calahorra. Allí han vivido algunos de sus momentos más especiales, con actuaciones de artistas como Audiofly, Francesca Lombardo o Alexander Kowalski.
Alberto recuerda especialmente la visita de Audiofly. Después de actuar, los integrantes del dúo se quedaron mirando las vistas del Puente Romano y haciendo fotografías. Él ya estaba esperando para marcharse, pero ellos seguían disfrutando del paisaje.
No es una mala forma de terminar una sesión: después de pinchar, quedarse un rato descubriendo la ciudad. Y tampoco es algo que ocurra en cualquier escenario. En Night Room TV, el lugar forma parte de la experiencia, tanto para quien viene a escuchar música como para quien está detrás de los platos.

De Córdoba a las pantallas de medio mundo
Antes de que los eventos con público ganaran protagonismo, Night Room TV funcionaba sobre todo como una plataforma de retransmisiones musicales. Las primeras sesiones se grababan y emitían en streaming, muchas veces sin asistentes. La idea era compartir las actuaciones, pero también enseñar los espacios desde los que se hacían.
A través de acuerdos con plataformas y canales internacionales, consiguieron que sus sesiones llegaran a espectadores de México, India, Australia y distintos países europeos. De repente, aquellas grabaciones hechas en Córdoba estaban circulando bastante más lejos de lo que podían imaginar al principio.
«Y gente que ha descubierto Córdoba por nosotros», recuerda Manu.
Llegar a esas audiencias, eso sí, tenía su intríngulis. Había que coordinar las conexiones, hablar con las plataformas, preparar los directos y asegurarse de que todo funcionara cuando empezaba la retransmisión. No había mucho margen para los fallos.
«Nos costaba la salud», reconoce Alberto al recordar aquella etapa.
Y no exagera. Detrás de cada sesión hay un trabajo que no suele aparecer en el vídeo final: encontrar el espacio, conseguir los permisos, comprobar las condiciones técnicas, montar los equipos, contratar a los artistas y coordinar a todas las personas implicadas. Cada localización plantea problemas distintos y obliga a empezar buena parte del trabajo desde cero.
Después están los números. Los cachés, los desplazamientos, la técnica y cualquier imprevisto pueden complicar bastante las cuentas. Manu cuenta que a veces bromean con que el siguiente evento podría ser el último. Lo dicen entre risas, pero mantener un proyecto de estas características también implica asumir riesgos y estar muy pendiente de que todo cuadre.
La escena no se construye en solitario
Aunque la electrónica es el punto de partida, Night Room TV nunca ha querido quedarse en un solo sonido. Por sus sesiones han pasado distintas vertientes del techno y el house, además de propuestas con influencias del soul, el rock, la música clásica, la ópera o el flamenco. Les interesa explorar distintas formas de entender la música y no repetir siempre la misma fórmula.
Pero hay otra cuestión que aparece cuando hablamos de Córdoba: la necesidad de que haya más movimiento cultural en la ciudad.
Alberto tiene claro que no quiere que Night Room TV sea el único proyecto capaz de traer determinados artistas. Después de años viajando para ver actuar a músicos que le interesan, le gustaría que cada vez hubiera más propuestas aquí y que el público no tuviera que salir de Córdoba para disfrutar de ciertos conciertos o sesiones.
«Quiero que haya más eventos, más promotoras», afirma.
Y tiene razón en algo: una escena necesita variedad para mantenerse viva. Distintos proyectos, espacios y públicos que convivan, se encuentren y se apoyen. No todo tiene que pasar por los mismos sitios ni estar organizado por las mismas personas.
«Los eventos culturales se apoyan los unos a los otros», explica Alberto.
Ojalá hubiera más iniciativas y más gente dispuesta a ponerlas en marcha. Al final, cada evento abre una oportunidad para artistas, profesionales y público. Y cuantos más proyectos haya, más posibilidades tendrá Córdoba de construir una programación cultural diversa y con continuidad.
Once años después, todavía queda mucho por sonar
La próxima cita de Night Room TV será este sábado 7 de noviembre en el C3A, donde celebrarán su undécimo aniversario con un cartel encabezado por Aera, productor y DJ alemán, y Miguel Payda, artista malagueño vinculado al proyecto Métrica. Junto a ellos estarán el propio Absen, Anais Begon, Carmelo y Las Virus, en una programación que combina nombres internacionales y propuestas de la escena local.
Pero la celebración empieza un día antes. El viernes 6 de noviembre, Night Room TV organiza junto a la Casa de la Juventud de Córdoba una actividad dentro de Talento Capital: Night Room TV Lab: De la idea al escenario.
Será una masterclass gratuita con Aera, Miguel Payda y Absen, en la que los asistentes podrán conocer de cerca el proceso de creación musical, la preparación de un directo y el trabajo que hay detrás de la producción de eventos.
La actividad contará también con un concurso musical en directo. Quien gane tendrá la oportunidad de pinchar en el aniversario y se llevará un premio de 200 euros. Será en la Casa de la Juventud, de 18:30 a 21:00 horas, con 20 plazas e inscripción gratuita en juventud@ayuncordoba.es.
Once años después, la idea que puso en marcha Night Room TV sigue ahí: sacar la electrónica de los espacios de siempre y encontrar lugares donde pueda pasar algo diferente. La Torre de la Calahorra fue uno de los primeros escenarios que ayudó a dar forma a esa idea. Desde entonces han pasado por castillos, monumentos y otros rincones de la provincia. Y, por lo que cuentan Manu y Alberto, todavía quedan unos cuantos pendientes.
Ahora toca celebrar el camino recorrido y seguir buscando el próximo lugar.
